No fue fácil atravesar uno de los mayores desiertos espirituales en plena juventud justo después de uno de los mayores anhelos de la vida, ser religiosa Carmelita. Tampoco fue fácil reconocer que necesitaba ayuda. No fue placentero, en absoluto, haberme aferrado a mi comunidad eclesiástica buscando refugio y consuelo econtrando indiferencia y algo de juicio.
No recuerdo que haya sido fácil
experimentar el desamparo absoluto y tener únicamente el nombre de Jesús como
referencia de aquel lugar seguro para mi alma. Fue entonces cuando, haciendo
memoria de predicaciones, cantos, lecturas, experiencias, rostros felices y de
la Palabra leída, encontré lo necesario para buscar a Dios en todas sus formas
y lugares.
Me encontré frente a un sagrario tan
amado y, a la vez, tan silencioso para mi alma. Encontré una comunidad llena de
gente y, sin embargo, tan solitaria. Hallé una vida de servicio tan ocupada en
la obra del Señor, que terminé olvidando al Señor de la obra.
Y allí, en medio de mi gran
necesidad, clamé a Dios desde la intimidad de mi silencio interior. Entonces
despertó en mí la curiosidad de pisar tierra lejos de mi comunidad familiar.
Escuché por primera vez un evangelio no diluido entre palabras de hombres y la culpa,
esa fiel compañera de aquella tradición. Escuché, con total desnudez, las
promesas de un Dios que perdona, que restaura, que sale al encuentro sin
intermediarios ni acciones que el hombre imponga para recibirle. Una salvación
solo por gracia, solo por su palabra, solo por fé, solo en Cristo, solo a Dios
sea la Gloria.
El Señor del cielo y de la tierra,
en toda su plenitud, se reveló ante mí por medio de sus promesas:
“Entonces me dijo: ‘No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue
escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y
humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí.’” (Daniel 10:12)
“‘No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo
soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia.’” (Isaías 41:10)
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o
angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Antes,
en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”
(Romanos 8:35-37)
Desde ese día no puedo, ni quiero,
volver atrás, porque mi alma solo encuentra descanso en la Palabra de Dios, que
se manifiesta en plenitud para guiar y cuidar mis pasos hacia Su morada eterna.
No fue fácil aceptar con buena
voluntad haber perdido el lugar que durante años labré entre mis amigos, mi
comunidad eclesial y la opinión pública. No fue fácil ver desvanecerse en la
distancia relaciones que consideraba perennes y fuertes. En silencio viví mi
duelo y mi tristeza, pero la relación personal que ahora tengo con Jesús, Rey
de reyes y Señor de señores, ocupa todo mi universo.
No fue fácil ver cómo mi rastro era
borrado de aquellos retiros, grupos y amistades que, en nombre del Señor, ayudé
a formar. Qué ironía: dejar a Dios por Dios.
No fue una desilusión; fue el
descubrimiento de un camino hecho a la medida de la necesidad de mi alma. Que
Dios me ayude, me bendiga y me sostenga entre lo que fue, lo que es y lo que
será de mí, porque no, no ha sido fácil.
Pero ha valido la pena. Dios sea
delante de mí en todo tiempo.
Yuri, leí tu blog y me pareció muy valioso conocer un poco más de tu proceso.
ResponderEliminarSiempre te he considerado una persona muy espiritual, y creo que el ser humano está en constante cambio, búsqueda y evolución, también en su vida espiritual.
Te felicito por lo que has vivido, por lo que has encontrado en el camino y por seguir trabajando tu espíritu con tanta honestidad.
Enhorabuena, Yuri. Te mando muchas bendiciones y un fuerte abrazo.
Querido Marlon, me siento honrada que hayas tomado el tiempo de leérme y expresarme empatía en el proceso. Han pasado 26 años para poder expresarlo sin tropiezos en el alma. Mi historia es solo una más entre tantas, pero te aseguro que es el reflejo de una búsqueda honesta y constante de Dios. El mismo que nos ha creado y nos ha dado el más grande regalo de amor, la libertad. Que alegría saber de ti amigo, de nuevo gracias por compartir.
EliminarMi estimada Yuri. Desconocía el proceso y hoy que lo leo, siento cierta nostalgia de que “hayas dejado” la casa de nuestra Iglesia Católica, esa que nos vio nacer en la fe y que con todos sus defectos, no deja de ser una madre. Sin embargo siendo el ser humano profundo y maravilloso que eres. Segura estoy de que seguirán llevando tu luz y tus dones a nuevos horizontes. Para servir a Dios. Te mando un abrazo con mucho cariño. Sabes que acá siempre tendrás las puertas abiertas. 🤗
ResponderEliminarHermana preciosa, no puedo ver tu nombre en el comentario, pero recibo con inmenso amor tus palabras. Gracias por la empatía, el amor con que me recuerdas nuestro origen dentro de una Iglesia madre y amorosa. No negaré nunca de donde vento, no dejaré de amar el hogar que me formó y me mostró al Dios verdadero. No me he ido por algún descontento, sino alcontrario, gracias a mi necesidad de Dios, la misma Iglesia me ayudó a encontrar un lugar especial para satisfacer la sed de la Palabra de Dios. No puedo ver dos lugares distinto, sino la continuación de una misma historia de vida que el Señor ha ido labrando con paciencia. Gracias por leerme y compartirte!! bendiciones amiga, porque sé que debes ser mi amiga para pasar por aquí ;) :-*
EliminarMuchas felicidades, Yuri que Dios siga bendiciendo grandemente tu vida.
ResponderEliminarCarlos querido, Dios ha sido bueno amigo, su misericordia es eterna y fiel. Te abrazo y te bendigo friend!
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